El sueño que me atormenta.

Soy un tipo especial, he nacido en una familia humilde, pero no tanto, al final me he hecho con una buena cantidad de tierras, tengo un trabajo bien remunerado y soy un hábil escalador, puedo llegar donde quiero porque se rodearme de los que me son útiles para ello.


Llevo desde muy joven diciendo a todo el mundo lo que deben hacer, a mí padre, a mí madre, a mis hermanos, luego a mí mujer, a mis hijos, a todos salvo que deba ser sibilino para que alguien no bloquee mis planes, alguien al que deba buscar los puntos débiles por si acaso un día debo dinamitar su credibilidad.


Tuve muchas mujeres, pero una me rompió el corazón, así que lo blindé antes sucesivos ataques. 


Un hombre como yo debería tener una familia, claro está. Una casa e hijos que cuidaría una madre dedicada, que no puede ser cualquiera, debe lucir bien, ser bonita y cuidar su apariencia, debe ser premiada escasamente y condicionada duramente para que todos puedan ver mi valor, lo especial que soy. Debe saber que si se le ocurre pensar por sí misma o trata de dirigir sus pasos más allá de mí asumirá las consecuencias, unas que no se me ocurren ahora mismo, pero que estoy dispuesto a inventarme sobre la marcha.


Voy a buscar a otra, un hombre como yo debe tener a otra, esta ya no me interesa demasiado y protesta constantemente en la bonita caja en la que la he metido. Quizás no me lo merezco? No trabajo duro cada día? No me esfuerzo en rodearme de los mejores? ¿No vienen acaso ellas a mí con sus sonrisas, sus guiños, sus dobles sentidos y sus frases inacabadas?


Lo hago porque quiero, no necesito consejo, no necesito hablar, no necesito terapias, no necesito nada de nadie y yo no caigo en las redes de cualquiera, a mí no se me manipula. Además, este juego de la familia feliz ya me cansa, ahora quiero jugar al juego del cazador, de la dopamina y las endorfinas. Perdón, que es eso???


Yo elijo mujeres, no ellas a mi, no, no me lo discutas, quién eres tú? Que sabes? Quién te crees? Todo va a salir bien, siempre ha salido bien aunque una extraña sensación me invade en ocasiones cuando estoy a solas, algo como un sueño que se repite.


Un sueño en el que mis padres son mis padres, mi madre me cuida y mi padre me da consejos que escucho con atención, un sueño en el que soy independiente y no necesito a nadie para nada, en el que mi familia es el hogar al que vuelvo después de trabajar duro, en el que el dinero es el vehículo para una vida tranquila y placentera, compartida con quien ha visto mis defectos, mi vulnerabilidad y aún así comparte su tiempo conmigo. Un sueño en el que veo como crece mi pareja en libertad, bajo su criterio, uno en el que soy un apoyo y no un lastre, uno en el que no tengo que dictar las normas del juego y jugamos con las de la vida.


Un sueño de amistades sinceras, desinteresadas, de gente que comparte conmigo sin obligación, solo por el placer de estar juntos y de crecer en armonía mientras la vida decida cruzar nuestros caminos. 


Un sueño en el que aprender de los mejores, explorar nuevas facetas de mi creatividad, de desarrollo de mis propias cualidades, no de las que otros han considerado importantes.


Un sueño en el que doy amor y alegría a los que me rodean, no cajitas en las que encierro a las personas, uno en el que el que las mujeres no necesitan sexo conmigo, en el que no siento que me pierdo algo porque ya estoy completo, uno en el que entendí que no se trata de variedad ni de cantidad, que no se trata de fidelidad sino de saber quién soy.


Un sueño que me da miedo, no por lo que contiene, sino porque me muestra en que me he convertido.



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