Héroes.

Recuerdo a mis héroes en la infancia. Sentía una gran admiración por Jesus, una figura llena de amor incondicional al que los demás maltrataban, justo como a mi, justo como a ti, fácil de asimilar.


Pero con el paso de los años, aquel héroe que estaba en todas partes  al que admiraba y temía a partes iguales fue sustituido por las recreaciones del hombre. Dioses de lycra con los calzoncillos por fuera tomaron delantera ante un Jesus, que si bien era muy poderoso, no era tan propenso como ellos a la acción violenta.


De unos y otros fue quedando un rastro de valores de los que quiero pensar que me he quedado con los buenos. Pese a limitada capacidad para hacer milagros o volar, trato de hacer el bien para mi y las personas que me rodean. Pero como me comentaba ayer mi interlocutor de 8 años: “ En ocasiones me gustaría volver atrás en el tiempo, porque tomé malas decisiones”. 


Es posible que la diferencia entre un niño y un adulto sea simplemente esa, que sabemos que no podemos volver atrás a cambiar algo que hemos hecho y que ahora debemos afrontar las consecuencias de nuestros actos. Lo único que llegué a decirle fue un dubitativo: “No pasa nada, solo la próxima vez trata de pensarlo mejor”, en un vago intento de decir algo que le sirviese sin que sonara demasiado lejano a su manera de interpretar el mundo.


Mis héroes de la infancia me ayudaron en muchas ocasiones, me han hecho crecer como persona y tener una línea bien definida de lo correcto e incorrecto, del bien y del mal, de lo moral e inmoral.


Pero llegó el momento de olvidar a mis héroes, a algunos por ser de un material incomprensible para mí como ser humano y otros precisamente por ser creaciones del hombre. 


Ambos caminos se encuentran dentro de nosotros y toca en un momento de nuestras vidas caminar solos, lejos de las figuras, de los dogmas, de los héroes, lejos de las religiones, lejos de las filosofías, lejos de las palabras escritas. Cuestionando, explorando fuera y dentro con los ojos del que se maravilla, con ojos de niño, de inocencia, de preguntas básicas y no retorcidas, con la libertad de quien ve sin juicio o con el mínimo posible para dejar que la realidad nos penetre todo lo que pueda tal y como es.



Como en aquel pasaje de Siddhartha en el que se aparta de su inseparable Govinda, el primero decide buscar la iluminación en la vida, en las cosas sencillas del dia a dia, el otro, en cambio, necesita a la figura del Buda y se une a su orden, haciéndose monje.


Y si has llegado hasta aquí puede que te estás preguntando qué tiene de malo un héroe, una figura a la que seguir y por qué deberías cuestionarte: 


Yo solo tengo una opinión y un teclado, pero puede ser que esos que hoy vemos como héroes, pensadores, filósofos, políticos, actores, músicos, cantantes, sean personas exactamente como tú y como yo a los que después de una vida normal y corriente, alguien, algunos medios y/o el tiempo hayan engrandecido algunas facetas de su vida y ocultando otras, precisamente esas que lo hacen más humano, como tú y como yo.


Puede que los héroes sean necesarios en algún momento para recordarnos que podemos ser mejores versiones de nosotros mismos, pero también puede que nuestra mejor versión requiera, en ocasiones,  matar a los héroes.

Comentarios

Entradas populares